Biblioteca del Cáncer

Cáncer colorrectal

Panorama general

El cáncer colorrectal se origina cuando células normales del revestimiento interno del colon o del recto cambian y crecen sin control, y forman una masa denominada tumor. Un tumor puede ser benigno (no canceroso) o maligno (canceroso, lo cual significa que puede diseminarse a otras partes del cuerpo). Estos cambios suelen tardar mucho en desarrollarse; sin embargo, cuando una persona tiene un síndrome hereditario poco frecuente (consulte la sección Prevención), los cambios pueden producirse en meses o años. Los cambios pueden ser consecuencia de factores genéticos y ambientales.

Anatomía del colon y el recto

El colon y el recto conforman el intestino grueso, que tiene un papel importante en la formación de los excrementos. Los primeros cinco a seis pies de intestino grueso corresponden al colon, y las últimas seis pulgadas, al recto (que termina en el ano).

El colon se divide en cuatro secciones. El colon ascendente es la porción que se extiende desde una bolsa denominada ciego (el comienzo del intestino grueso en el cual se vacía el intestino delgado), a la derecha del abdomen. El colon transversal cruza por la parte superior del abdomen. El colon descendente lleva los excrementos hacia abajo, a la izquierda. Finalmente, el colon sigmoide, ubicado en la parte final, conduce los excrementos unos centímetros más abajo hacia el recto. El cuerpo elimina los excrementos a través del ano.

Acerca de los pólipos colorrectales

El cáncer colorrectal a menudo comienza con pólipos, crecimientos no cancerosos que se pueden desarrollar en la pared interna del colon y del recto, a medida que las personas envejecen. Si no se los trata o extirpa, los pólipos se pueden convertir en cáncer con riesgo de muerte. El cáncer colorrectal puede prevenirse mediante el reconocimiento y la extirpación de los pólipos precancerosos.

Existen diversas formas de pólipos. Los pólipos adenomatosos, o adenomas, son formaciones que pueden convertirse en cancerosas. Estos pólipos se pueden detectar con una colonoscopia (consulte la sección Prevención). Los pólipos se detectan con mayor facilidad durante una colonoscopia porque, en general, son una protuberancia en el colon y forman un montículo en la pared del colon que el médico puede hallar.

Alrededor del 10 % de los pólipos del colon son planos y es difícil detectarlos mediante una colonoscopia, a menos que se utilice un medio de contraste para destacarlos. Estos pólipos planos tienen un alto riesgo de convertirse en cancerosos, independientemente del tamaño.

Tipos de cáncer colorrectal

El cáncer colorrectal puede originarse tanto en el colon como en el recto. El cáncer que comienza en el colon se denomina cáncer de colon y el cáncer que comienza en el recto se denomina cáncer de recto.

La mayoría de los cánceres de colon y de recto son una clase de tumor denominado adenocarcinoma, que es un cáncer de las células que recubren el tejido interno del colon y el recto. En esta sección, abarca específicamente el adenocarcinoma. Otros tipos de cáncer que se desarrollan con mucha menos frecuencia, pero que pueden comenzar en el colon o el recto incluyen los tumores carcinoides, los tumores estromales gastrointestinales (gastrointestinal stromal tumor, GIST) y el linfoma.

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Diagnóstico

Los médicos utilizan muchas pruebas para diagnosticar el cáncer y determinar si ha hecho metástasis (se ha diseminado). Algunas pruebas también pueden determinar qué tratamientos pueden ser los más eficaces. En la mayoría de los tipos de cáncer, una biopsia es el único método que permite formular un diagnóstico definitivo de cáncer. Si no se puede realizar una biopsia, el médico puede sugerir que se lleven a cabo otras pruebas que ayuden a establecer un diagnóstico. Las pruebas por imágenes se pueden utilizar para averiguar si el cáncer se ha diseminado. Esta lista describe opciones para el diagnóstico de este tipo de cáncer, y no todas las pruebas mencionadas se utilizarán para todas las personas. Es posible que su médico considere estos factores al elegir una prueba de diagnóstico:

  • Edad y afección médica
  • Tipo de cáncer que se sospecha
  • Signos y síntomas
  • Resultados de pruebas anteriores

Además del examen físico, se pueden utilizar las siguientes pruebas para diagnosticar el cáncer colorrectal. El médico también preguntará acerca de sus antecedentes familiares y médicos

Colonoscopia

Como se describe en la sección Detección, en Prevención, esta prueba permite al médico observar el interior de todo el recto y el colon, mientras el paciente está sedado. Un colonoscopista es un médico especializado en realizar esta prueba. Si se detecta cáncer colorrectal, probablemente no se pueda realizar un diagnóstico completo que describa con precisión la localización y la diseminación del cáncer hasta extraer quirúrgicamente el tumor.

Biopsia

Una biopsia es la extirpación de una pequeña cantidad de tejido para su examen con microscopio. Otras pruebas pueden sugerir la presencia de cáncer, pero solo la biopsia permite dar un diagnóstico definitivo del cáncer colorrectal. El patólogo analiza la muestra que se extirpó durante la biopsia. Un patólogo es un médico que se especializa en interpretar análisis de laboratorio y evaluar células, tejidos y órganos para diagnosticar enfermedades. La biopsia se puede realizar durante una colonoscopia o en cualquier tejido extraído durante una cirugía. En algunos casos, para realizar una biopsia con aguja, se utiliza la exploración por CT o la ecografía. La biopsia con aguja extirpa tejido de la piel usando una aguja que se guía hasta el tumor.

Pruebas moleculares del tumor

Es posible que el médico recomiende realizar análisis de laboratorio en una muestra tumoral, a fin de identificar genes específicos, proteínas y otros factores específicos del tumor. Los resultados de estos análisis ayudarán a decidir si sus opciones de tratamiento incluyen un tipo de tratamiento denominado terapia dirigida (consulte la sección Tratamiento).

Análisis de sangre

Debido a que con frecuencia el cáncer colorrectal sangra hacia el intestino grueso o recto, las personas enfermas de cáncer se pueden volver anémicas. Una prueba para determinar la cantidad de glóbulos rojos en sangre, que es parte de un hemograma completo (complete blood count, CBC), puede indicar la presencia de hemorragia.

Existe otro análisis de sangre que detecta los niveles de una proteína denominada antígeno carcinoembrionario (carcinoembryonic antigen, CEA). Los niveles altos de CEA pueden indicar que el cáncer se ha diseminado hacia otras partes del cuerpo. La prueba de CEA no es definitiva para la detección de cáncer colorrectal ya que los niveles son altos solo en alrededor de un 60 % de las personas que padecen este tipo de cáncer y cuya enfermedad se ha diseminado a otros órganos desde el colon. Además, otras afecciones médicas pueden aumentar los niveles de CEA. Generalmente, la prueba de CEA se usa para controlar el cáncer colorrectal en pacientes que ya reciben un tratamiento, en lugar de realizarla como examen de detección.

Tomografía computarizada (CT O TAC)

Una exploración por tomografía computarizada (CT) crea una imagen tridimensional del interior del cuerpo con un aparato de rayos X. Luego, una computadora combina estas imágenes en una vista detallada de cortes transversales que muestra anomalías o tumores. Una exploración por CT también se puede utilizar para medir el tamaño del tumor. A veces, se administra un tinte especial, llamado medio de contraste, antes de la exploración, a fin de obtener mejores detalles en la imagen. Este tinte se puede inyectar en la vena del paciente o puede ser administrado en forma de pastilla para tragar. En personas con cáncer de colon, la CT detecta la diseminación del cáncer en los pulmones, el hígado y otros órganos. En general, se realiza antes de la cirugía (consulte la sección Tratamiento).

Imágenes por resonancia magnética (RM)

Las imágenes por resonancia magnética (magnetic resonance imaging, MRI) utilizan campos magnéticos, en lugar de rayos X, para producir imágenes detalladas del cuerpo. También se puede utilizar una MRI para medir el tamaño del tumor. Se administra un tinte especial, llamado medio de contraste, antes de la exploración, a fin de crear una imagen más clara. Este tinte se puede inyectar en la vena del paciente o puede ser administrado en forma de pastilla para tragar. La MRI es la mejor prueba por imágenes para detectar el lugar donde ha crecido el cáncer colorrectal.

Ecografía

La ecografía es un procedimiento que usa ondas sonoras para crear una imagen de los órganos internos con el fin de averiguar si el cáncer se ha diseminado. La ecografía endorrectal se utiliza habitualmente para determinar a qué profundidad se extendió el cáncer de recto y es útil como ayuda para planificar el tratamiento. Sin embargo, esta prueba no sirve para detectar con precisión el cáncer que se ha diseminado a ganglios linfáticos cercanos o más allá de la pelvis. La ecografía también puede usarse para visualizar el hígado, aunque se prefieren las CT o las MRI (consulte más arriba) porque son mejores para detectar tumores en el hígado.

Radiografía de tórax

Una radiografía es un modo de crear una imagen de las estructuras internas del cuerpo usando una pequeña cantidad de radiación. La radiografía de tórax puede ayudar a los médicos a determinar si el cáncer se ha diseminado hacia los pulmones.

Tomografía por emisión de positrones (TEP)

La tomografía por emisión de positrones (positron emission tomography, PET) es una forma de crear imágenes de los órganos y los tejidos internos del cuerpo. Se inyecta en el cuerpo del paciente una pequeña cantidad de una sustancia azucarada radiactiva. Esta sustancia azucarada es absorbida por las células que usan la mayor cantidad de energía. Debido a que el cáncer tiende a utilizar energía de manera activa, este absorbe una cantidad mayor de la sustancia radiactiva. Luego, un escáner detecta esta sustancia para generar imágenes del interior del cuerpo. Debido a que el cáncer tiende a utilizar energía de manera activa, este absorbe una cantidad mayor de la sustancia radiactiva. Luego, un escáner detecta esta sustancia para generar imágenes del interior del cuerpo.

Después de que se realicen las pruebas de diagnóstico, el médico revisará todos los resultados con usted. Si el diagnóstico es cáncer, estos resultados también ayudarán a que el médico lo describa, lo que se conoce como determinación del estadio.

Síntomas y signos

Es importante recordar que los síntomas y los signos del cáncer colorrectal que se enumeran en esta sección son los mismos que se presentan en afecciones no cancerosas extremadamente frecuentes, como hemorroides y síndrome de intestino irritable. Cuando se sospecha la presencia de cáncer, por lo general, estos síntomas han comenzado recientemente, son graves y prolongados, y cambian con el transcurso del tiempo. Estar alerta sobre los síntomas de cáncer colorrectal posibilita la detección de la enfermedad en sus inicios, cuando existen más probabilidades de un tratamiento efectivo. Sin embargo, muchas personas con cáncer colorrectal no tienen síntomas hasta que la enfermedad está avanzada, por lo que deben realizarse controles en forma regular. Las personas con cáncer colorrectal pueden experimentar los siguientes síntomas o signos. Como se mencionó anteriormente, también es posible que estos síntomas puedan deberse a otra afección médica que no sea cáncer, especialmente por los síntomas generales de molestia abdominal, hinchazón y deposiciones irregulares.

  • Cambio en los hábitos intestinales
  • Diarrea, estreñimiento o sensación de que los intestinos no se vacían totalmente
  • Sangre muy oscura o roja intensa en la materia fecal
  • Materia fecal menos gruesa o más líquida de lo normal
  • Molestias en el abdomen, incluidos dolores frecuentes por gases, hinchazón, sensación de saciedad y cólicos
  • Pérdida de peso sin razón aparente
  • Cansancio o fatiga constantes
  • Anemia por deficiencia de hierro sin razón aparente, es decir, baja cantidad de glóbulos rojos

Consulte a su médico si estos síntomas duran varias semanas o empeoran. También hable con su médico si se siente afectado por alguno de los síntomas o signos de esta lista y pídale programar una colonoscopia para descubrir las causas del problema.

Debido a que el cáncer de colon puede aparecer en personas a una edad más temprana que la recomendada para comenzar a realizarse exámenes de detección y en personas mayores entre los exámenes de detección, cualquier persona, de cualquier edad, que experimente estos síntomas debe concurrir a un médico para determinar si debería someterse a una colonoscopia.

El médico le preguntará desde cuándo y con qué frecuencia ha tenido los síntomas, entre otras preguntas. Esto es para averiguar la causa del problema, es decir, el diagnóstico.

Si se diagnostica cáncer, el alivio de los síntomas sigue siendo un aspecto importante de la atención y del tratamiento del cáncer. Esto también puede denominarse manejo de los síntomas, cuidados paliativos o atención médica de apoyo. Asegúrese de hablar con su equipo de atención de la salud sobre los síntomas que experimenta, entre ellos cualquier síntoma nuevo o un cambio en los síntomas.

Estadios

La determinación del estadio es una manera de describir dónde está ubicado el cáncer, si se ha diseminado y hacia dónde, y si ha afectado otras partes del cuerpo. Los médicos utilizan pruebas de diagnóstico para determinar el estadio del cáncer, de manera que la estadificación no se establece hasta que se hayan realizado todas las pruebas. El conocimiento del estadio ayuda a los médicos a decidir cuál es el mejor tratamiento y a predecir el pronóstico de la paciente, el cual es la posibilidad de recuperación. Existen diferentes descripciones de estadios según los distintos tipos de cáncer.

Una herramienta que los médicos utilizan para describir el estadio es el sistema TNM. TNM es la abreviatura en inglés de tumor (T), ganglio (N) y metástasis (M). Los médicos examinan estos tres factores para determinar el estadio del cáncer:

  • ¿Qué tamaño tiene el tumor primario y dónde está ubicado? (Tumor, T)
  • ¿El tumor se ha diseminado a los ganglios linfáticos? (Ganglio, N)
  • ¿El cáncer ha hecho metástasis hacia otras partes del cuerpo? (Metástasis, M)

Los resultados se combinan para determinar el estadio del cáncer de cada persona. Hay cinco estadios: el estadio 0 (cero) y los estadios I a IV (uno a cuatro). El estadio es una forma frecuente de describir el cáncer, de manera que los médicos puedan planificar de forma conjunta los mejores tratamientos.

Aquí, le mostramos más detalles sobre cada parte del sistema TNM para el cáncer colorrectal:

Tumor: Mediante el sistema TNM, se utiliza la “T” más una letra o un número (0 a 4) para describir la profundidad con la cual el tumor primario se ha extendido dentro del revestimiento del intestino. Algunos estadios se dividen en grupos más pequeños que permiten describir el tumor aun con más detalle. A continuación, se brinda información específica sobre los tumores.

TX: No se puede evaluar el tumor primario.

T0: No hay evidencia de cáncer de colon o recto.

Tis: Se refiere al carcinoma in situ (también denominado cáncer in situ). Las células cancerosas se encuentran solo en el epitelio o la lámina propia, que son las capas superiores que recubren el revestimiento interno del colon o recto.

T1: El tumor ha crecido en la submucosa, que es la capa de tejido debajo de la mucosa o paredes del colon.

T2: El tumor ha crecido en la lámina muscular propia, que es una capa muscular más profunda y gruesa que se contrae para activar el pasaje del contenido intestinal.

T3: El tumor ha crecido a través de la lámina muscular propia y llega hasta la subserosa, que es una capa delgada de tejido conectivo debajo de la capa externa de algunas partes del intestino grueso, o ha crecido en los tejidos alrededor del colon o el recto.

T4a: El tumor ha crecido en la superficie del peritoneo visceral, es decir, que ha crecido a través de todas las capas del colon.

T4b: El tumor ha crecido en otros órganos o estructuras, o se ha adherido a ellos.

Ganglio: La “N” en el sistema TNM corresponde a los ganglios linfáticos. Los ganglios linfáticos son órganos minúsculos con forma de guisante ubicados en todo el cuerpo que ayudan a combatir infecciones, ya que forman parte del sistema inmunológico del cuerpo. Los ganglios linfáticos cercanos al colon y al recto se denominan ganglios linfáticos regionales. El resto conforma los ganglios linfáticos distantes, es decir, que están ubicados en otras partes del cuerpo.

NX: No se pueden evaluar los ganglios linfáticos regionales.

N0: No existe diseminación hacia los ganglios linfáticos regionales.

N1a: Se hallaron células tumorales en un ganglio linfático regional.

N1b: Se hallaron células tumorales en dos o tres ganglios linfáticos regionales.

N1c: Se hallaron ganglios formados por células tumorales en las estructuras cercanas al colon que no parecen ser ganglios linfáticos.

N2a: Se hallaron células tumorales en cuatro a seis ganglios linfáticos regionales.

N2b: Se hallaron células tumorales en siete o más ganglios linfáticos regionales.

Metástasis a distancia: La letra “M” en el sistema TNM describe el cáncer que se ha diseminado a otras partes del cuerpo, como el hígado o los pulmones.

MX: No se puede evaluar la metástasis a distancia.

M0: La enfermedad no se ha diseminado a partes distantes del cuerpo.

M1a: El cáncer se diseminó a una parte del cuerpo más allá del colon o del recto.

M1b: El cáncer se diseminó a más de una parte del cuerpo más allá del colon o del recto.

Agrupación de los estadios del cáncer

Los médicos asignan el estadio del cáncer combinando las clasificaciones T, N y M.

Estadio 0: Se denomina cáncer in situ. Las células cancerosas se encuentran solo en la mucosa, o revestimiento interno, del colon o el recto.

Estadio I: El cáncer ha crecido y atravesado la mucosa invadiendo la capa muscular del colon o el recto. No se ha diseminado a los tejidos cercanos o ganglios linfáticos (T1 o T2, N0, M0).

Estadio IIA: El cáncer ha crecido y atravesado la pared del colon o del recto, pero no se ha diseminado a los tejidos o ganglios linfáticos cercanos (T3, N0, M0).

Estadio IIB: El cáncer ha crecido a través de las capas musculares hasta llegar al revestimiento del abdomen, denominado peritoneo visceral. No se ha diseminado a ganglios linfáticos cercanos ni a ninguna otra parte (T4a, N0, M0).

Estadio IIC: El tumor se ha diseminado a través de la pared del colon o del recto y ha invadido estructuras cercanas. No se ha diseminado a ganglios linfáticos cercanos ni a ninguna otra parte (T4b, N0, M0).

Estadio IIIA: El cáncer ha crecido a través del revestimiento interno o en las capas musculares del intestino y se ha diseminado hacia uno a tres ganglios linfáticos, o hacia un ganglio del tumor en tejidos que rodean el colon o el recto que no parecen ser ganglios linfáticos, pero no se ha diseminado hacia otras partes del cuerpo (T1 o T2; N1 o N1c, M0 o T1, N2a, M0).

Estadio IIIB: El cáncer ha crecido a través de la pared intestinal o en los órganos circundantes y en uno a tres ganglios linfáticos, o hacia un ganglio del tumor en tejidos que rodean el colon o el recto que no parecen ser ganglios linfáticos, pero no se ha diseminado a otras partes del cuerpo (T3 o T4a, N1 o N1c, M0; T2 o T3, N2a, M0; o T1 o T2, N2b, M0).

Estadio IIIC: Independientemente de la profundidad con que se extendió el cáncer de colon, se ha diseminado a cuatro o más ganglios linfáticos, pero no a otras partes distantes del cuerpo (T4a, N2a, M0; T3 o T4a, N2b, M0; o T4b, N1 o N2, M0).

Estadio IVA: El cáncer se ha diseminado a una sola parte distante del cuerpo, como el hígado o los pulmones (cualquier T, cualquier N, M1a).

Estadio IVB: El cáncer se ha diseminado a más de una parte del cuerpo (cualquier T, cualquier N, M1b).

Recurrente: Cáncer recurrente es el cáncer que ha reaparecido después del tratamiento. La enfermedad puede hallarse en el colon, el recto o en otra parte del cuerpo. Si se produce una recurrencia, es posible que sea necesario volver a determinar el estadio del cáncer (denominado redeterminación del estadio) mediante el uso del sistema mencionado anteriormente.

Grado

Grado: Los médicos también describen este tipo de cáncer según su grado (G), lo cual describe qué tan parecidas son las células cancerosas a las células sanas cuando se las observa a través de un microscopio. El médico compara el tejido canceroso con tejido sano. Habitualmente, el tejido sano contiene diferentes tipos de células que se agrupan. Si el cáncer tiene un aspecto similar al tejido sano y contiene diferentes agrupaciones de células, se lo denomina tumor diferenciado o de bajo grado. Si el tejido canceroso luce muy diferente al tejido sano, se lo conoce como tumor poco diferenciado o de alto grado. El grado del cáncer puede ayudar al médico a predecir qué tan rápido se diseminará el cáncer. En general, mientras más bajo es el grado del tumor, mejor es el pronóstico.

GX: No se puede identificar el grado del tumor.

G1: Las células se asemejan más a las células normales (denominadas bien diferenciadas).

G2: Las células se asemejan en algo a las células normales (denominadas moderadamente diferenciadas).

G3: Las células se asemejan menos a las células normales (denominadas poco diferenciadas).

G4: Las células apenas se asemejan a células normales (denominadas no diferenciadas).

Datos utilizados con permiso de la Comisión Conjunta Estadounidense para el Cáncer (AJCC, American Joint Committee on Cancer), Chicago, Illinois. La fuente original de este material es el AJCC Cancer Staging Manual, séptima edición (2010) publicado por Springer-Verlag New York, www.cancerstaging.net.

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Opciones de tratamiento

Esta sección describe los tratamientos que son el estándar de atención, es decir, los mejores tratamientos comprobados disponibles, para el cáncer colorrectal. Al tomar decisiones relacionadas con el plan de tratamiento, también se aconseja a los pacientes que consideren la opción de participar en estudios clínicos. Un estudio clínico es un estudio de investigación para probar un enfoque nuevo con respecto al tratamiento a fin de evaluar si este es seguro, eficaz y posiblemente mejor que el tratamiento estándar. Los estudios clínicos pueden probar dichos enfoques, como en el caso de un fármaco nuevo, una combinación nueva de tratamientos estándares o dosis nuevas de terapias actuales. Su médico puede ayudarle a revisar todas las opciones de tratamiento.

Panorama general del tratamiento

En la atención del cáncer, a menudo trabajan juntos distintos tipos de médicos para crear un plan de tratamiento integral del paciente que incluya o combine distintos tipos de tratamientos. Esto se denomina equipo multidisciplinario. Para el cáncer colorrectal, a menudo se incluye un gastroenterólogo, que es un médico especializado en el funcionamiento y las alteraciones del tubo digestivo, un cirujano, un oncólogo clínico y un radioncólogo.

A continuación, se describen las opciones de tratamiento más frecuentes para el cáncer colorrectal, seguidas de una breve descripción de las opciones de tratamiento presentadas según el estadio. Las opciones y recomendaciones de tratamiento dependen de varios factores, entre ellos, el tipo y estadio del cáncer, los efectos secundarios posibles, así como las preferencias del paciente y su estado de salud general. Su plan de atención también puede incluir tratamiento para síntomas y efectos secundarios, una parte importante de la atención del cáncer. Tómese el tiempo para obtener información sobre todas sus opciones de tratamiento y asegúrese de hacer preguntas si tiene dudas sobre cosas que no estén claras. Además, hable con el médico acerca de los objetivos de cada tratamiento y lo que puede esperar mientras recibe el tratamiento.

Cirugía

La cirugía es la extirpación del tumor y del tejido circundante durante una operación. Este es el tratamiento que se utiliza con mayor frecuencia para tratar el cáncer colorrectal y suele denominarse extirpación quirúrgica. También se extirparán parte del recto o colon y los ganglios linfáticos circundantes sanos. Si bien la cirugía colorrectal puede ser llevada a cabo por cirujanos generales y especialistas, muchas personas consultan a los especialistas que tienen experiencia y capacitación adicional en cirugía colorrectal. Un oncólogo cirujano es un médico que se especializa en el tratamiento del cáncer mediante el uso de la cirugía; y un cirujano especialista en cirugías colorrectales tiene capacitación adicional además de sus conocimientos sobre cirugía general.

Algunos pacientes pueden someterse a una cirugía laparoscópica para el cáncer colorrectal. Con esta técnica, se pasan varias cámaras de visualización por el abdomen, mientras el paciente está anestesiado. Las incisiones son más pequeñas y el tiempo de recuperación suele ser más corto que con la cirugía de colon estándar. La cirugía laparoscópica es tan eficaz como la cirugía de colon convencional para extirpar el cáncer. Los cirujanos que realizan cirugía laparoscópica han recibido entrenamiento especial en esa técnica.

Con menos frecuencia, una persona con cáncer de recto puede necesitar una colostomía. Esta consiste en una abertura quirúrgica, o estoma, a través de la cual el colon se conecta a la superficie abdominal para proporcionar una vía por la que puedan salir los excrementos del cuerpo y puedan ser recolectados en una bolsa que lleva el paciente. En ocasiones, la colostomía es solo temporal, para permitir que el recto sane. En otros casos, puede ser permanente. Gracias a las modernas técnicas quirúrgicas y al uso de radioterapia y quimioterapia antes de una cirugía, cuando es necesario, la mayoría de las personas que reciben tratamiento para el cáncer de recto no requieren de una colostomía permanente.

Algunos pacientes podrían someterse a una cirugía en el hígado o los pulmones para extirpar los tumores que se hayan diseminado a esos órganos. Otro método es usar energía en forma de ondas de radiofrecuencia para destruir los tumores con calor, lo cual se denomina ablación por radiofrecuencia (radiofrequency ablation, RFA). No todos los tumores de hígado o pulmón pueden tratarse con este método. A veces, la RFA puede realizarse a través de la piel o durante la cirugía. Si bien así se puede preservar tejido hepático y pulmonar que podría extirparse en una cirugía convencional, también existe la posibilidad de que queden partes del tumor.

En general, los efectos secundarios de la cirugía incluyen dolores y sensibilidad en la zona de la operación. La operación también puede provocar estreñimiento o diarrea, que generalmente desaparece después de cierto tiempo. Las personas sometidas a una colostomía pueden sentir irritación alrededor del estoma. Si debe someterse a una colostomía, el médico, el personal de enfermería o un terapista enterostomal, que es especialista en el manejo de colostomías, le pueden enseñar cómo limpiar el área y evitar una infección.

Muchas personas necesitan volver a entrenar el intestino después de una cirugía, lo cual puede requerir de cierto tiempo y asistencia. Debe consultar a su médico si no logra recuperar un buen control de la función intestinal.

Radioterapia

La radioterapia es el uso de rayos X de alta potencia para destruir células cancerosas. Habitualmente, se utiliza para tratar el cáncer de recto debido a que este tumor tiende a aparecer nuevamente cerca del lugar donde se originó. El médico que se especializa en administrar radioterapia para tratar el cáncer se denomina radioncólogo. Un régimen (programa) de radioterapia generalmente consiste en una cantidad específica de tratamientos que se administran durante un período determinado.

En la radioterapia con haz externo, se utiliza una máquina para administrar rayos X en la zona en que se encuentra el cáncer. Por lo general, el tratamiento con radiación se administra cinco días a la semana durante varias semanas y puede realizarse en el consultorio del médico o en un hospital.

En algunas personas, para ayudar a eliminar pequeñas áreas con tumor que no se hayan podido extraer con la cirugía, se pueden utilizar técnicas de radiación especializadas, como la radioterapia intraoperatoria o la braquiterapia. La radioterapia intraoperatoria utiliza una sola dosis elevada de radioterapia durante la cirugía. La braquiterapia es la colocación de “semillas” radiactivas dentro del cuerpo. En un tipo de braquiterapia con un producto denominado SIR-Spheres, se inyectan mínimas cantidades de una sustancia radiactiva llamada itrio 90 en el hígado para tratar el cáncer colorrectal que se ha diseminado hasta el hígado cuando no es posible realizar una cirugía. Si bien se dispone de escasa información sobre la eficacia de este método, algunos estudios sugieren que puede ayudar a retardar el crecimiento de células cancerosas.

La radioterapia estereostática es un tipo de radioterapia con haz externo que se puede usar cuando el tumor se diseminó al hígado o los pulmones. Este tipo de radioterapia permite aplicar una gran dosis de radiación precisa en un área pequeña. Esta técnica puede ayudar a preservar tejido hepático y pulmonar que podría extirparse durante la cirugía. Sin embargo, no todos los cánceres que se han diseminado al hígado o a los pulmones pueden recibir este tratamiento.

Para el cáncer de recto, la radioterapia puede usarse antes de una cirugía, lo que se denomina terapia neoadyuvante, para reducir el tamaño del tumor y simplificar la extirpación, o después de una cirugía para destruir las células cancerosas restantes, ya que ambas han demostrado que funcionan en el tratamiento de esta enfermedad. La quimioterapia a menudo se administra simultáneamente con la radioterapia, que se denomina quimiorradiación, para aumentar la eficacia de la radioterapia. La quimiorradiación se usa generalmente en el cáncer de recto antes de una cirugía para evitar la colostomía o reducir la posibilidad de que el cáncer reaparezca. Un estudio reciente demostró que la radioterapia en combinación con la quimioterapia antes de la cirugía dio mejores resultados en comparación con la misma radioterapia y quimioterapia administradas después de la cirugía. Los principales beneficios incluyeron una reducción en la tasa de recurrencia del tumor en el área donde se originó, menos pacientes con colostomías permanentes y menos problemas de cicatrización del intestino en la zona tratada con radioterapia.

Los efectos secundarios de la radioterapia pueden incluir fatiga, reacciones leves en la piel, malestar estomacal y deposiciones líquidas. También puede producir materia fecal con sangre, debido a una hemorragia a través del recto, u obstrucción intestinal. La mayoría de los efectos secundarios desaparece poco tiempo después de finalizado el tratamiento.

Después de la radioterapia en la pelvis, pueden originarse problemas sexuales, así como infertilidad (incapacidad para tener un bebé) tanto en hombres como en mujeres. Antes de comenzar el tratamiento, hable con su médico sobre los posibles efectos secundarios sexuales y relacionados con la fertilidad de su tratamiento y las opciones existentes para preservar la fertilidad.

Quimioterapia

La quimioterapia es el uso de fármacos para destruir las células cancerosas, generalmente al inhibir su capacidad para proliferar y dividirse. La quimioterapia suele ser administrada por un oncólogo clínico, un médico que se especializa en el tratamiento del cáncer con medicamentos.

La quimioterapia sistémica se administra a través del torrente sanguíneo para que alcance las células cancerosas de todo el cuerpo. Las maneras frecuentes de administrar la quimioterapia incluyen un tubo que se coloca por vía intravenosa (IV) por medio de una aguja que se inyecta en una vena o la administración a través de una pastilla o cápsula que se traga (por vía oral). Un régimen o programa de quimioterapia, por lo general, consiste en una cantidad específica de ciclos que se administran en un plazo determinado. Un paciente puede recibir un fármaco por vez o combinaciones de diferentes fármacos al mismo tiempo.

La quimioterapia se puede administrar después de la cirugía para eliminar las células cancerosas restantes. En algunas personas con cáncer de recto, el médico administrará quimioterapia y radioterapia antes de la cirugía para reducir el tamaño de un tumor en el recto y minimizar la posibilidad de que el cáncer reaparezca.

En la actualidad, existen varios medicamentos aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (Food and Drug Administration, FDA) para tratar el cáncer colorrectal en los Estados Unidos. Su médico puede recomendarle uno o varios de ellos en diferentes momentos durante el tratamiento. Estos medicamentos son: fluorouracilo (5-FU, Adrucil), capecitabina (Xeloda), irinotecán (Camptosar), oxaliplatino (Eloxatin), bevacizumab (Avastin), cetuximab (Erbitux), panitumumab (Vectibix) y ziv-aflibercept (Zaltrap). Los últimos cuatro se describen en la sección “Terapia dirigida” a continuación. Algunos tratamientos frecuentes son:

  • 5-FU
  • 5-FU con leucovorina (Wellcovorin), una vitamina que mejora la eficacia de 5-FU
  • Capecitabina, una forma de 5-FU de administración oral
  • 5-FU con leucovorina y oxaliplatino (denominado FOLFOX)
  • 5-FU con leucovorina e irinotecán (denominado FOLFIRI)
  • Irinotecán solo
  • Capecitabina con irinotecán u oxaliplatino
  • Cualquiera de los anteriores, con cetuximab o bevacizumab
  • FOLFIRI con ziv-aflibercept

La quimioterapia puede provocar vómitos, náuseas, diarrea, neuropatía o llagas en la boca. No obstante, hay medicamentos para evitar estos efectos secundarios. Por la forma en la que se administran los medicamentos, estos efectos secundarios son menos graves que en el pasado para la mayoría de los pacientes. Además, los pacientes pueden sentirse demasiado cansados y existe un mayor riesgo de que contraigan una infección. Con algunos medicamentos, también se puede producir una neuropatía, que es el cosquilleo o adormecimiento de los pies o las manos. La caída del cabello es un efecto secundario poco frecuente con los medicamentos usados para tratar el cáncer colorrectal. Si los efectos secundarios son particularmente difíciles, se puede reducir la dosis del medicamento o posponer una sesión del tratamiento. Si le están administrando quimioterapia, debe hablar con su equipo de atención médica para saber cuándo los efectos secundarios requieren una consulta al médico. Estos efectos secundarios de la quimioterapia suelen desaparecer una vez finalizado el tratamiento.

Los medicamentos utilizados para tratar el cáncer se evalúan constantemente. A menudo, hablar con el médico es la mejor forma de obtener información sobre los medicamentos que le recetaron, su finalidad y los posibles efectos secundarios o las interacciones con otros medicamentos.

Terapia dirigida

La terapia dirigida es un tratamiento que actúa sobre los genes y las proteínas específicas del cáncer o las condiciones del tejido que contribuyen a la proliferación y supervivencia del cáncer. Este tipo de tratamiento bloquea el crecimiento y la diseminación de las células cancerosas y, a la vez, limita el daño a las células sanas.

Estudios recientes demuestran que no todos los tumores tienen los mismos blancos. Para averiguar cuál es el tratamiento más eficaz, el médico puede realizar pruebas a fin de identificar los genes, las proteínas y otros factores en el tumor. Como resultado, los médicos pueden encontrar el tratamiento más eficaz que mejor se adapte a cada paciente, siempre que sea posible. Además, se están realizando muchos estudios de investigación para obtener más información sobre objetivos moleculares específicos y tratamientos nuevos dirigidos a ellos. Estos medicamentos están adquiriendo más importancia en el tratamiento del cáncer colorrectal.

Terapia antiangiogénica

La terapia antiangiogénica es un tipo de terapia dirigida. Su objetivo es detener la angiogénesis, que es el proceso de formación de vasos sanguíneos nuevos. Dado que un tumor necesita los nutrientes transportados por los vasos sanguíneos para crecer y diseminarse, el objetivo de las terapias antiangiogénicas es “matar de hambre” al tumor. El bevacizumab es un tipo de terapia antiangiogénica denominada anticuerpo monoclonal. Cuando se lo administra con quimioterapia, el bevacizumab alarga el tiempo de vida de los pacientes con cáncer colorrectal avanzado. En 2004, la FDA aprobó el bevacizumab junto con la quimioterapia como primer tratamiento, o tratamiento de primera línea, del cáncer colorrectal avanzado. Estudios recientes han demostrado que también es efectivo como tratamiento de segunda línea junto con la quimioterapia. El ziv-aflibercept es otro tipo de terapia antiangiogénica que se utiliza junto con la quimioterapia con FOLFIRI como tratamiento de segunda línea para el cáncer colorrectal metastásico. Además, el medicamento regorafenib (Stivarga) se aprobó en 2012 para pacientes con cáncer colorrectal metastásico que ya hayan recibido ciertos tipos de quimioterapia y otras terapias dirigidas.

Inhibidores del receptor del factor de crecimiento epidérmico (epidermal growth factor receptor, EGFR)

Un inhibidor del EGFR es un tipo de terapia dirigida. Los investigadores han descubierto que los medicamentos que inhiben el EGFR pueden ser eficaces para detener o retrasar el crecimiento del cáncer colorrectal. El cetuximab y el panitumumab son anticuerpos monoclonales que bloquean el EGFR. El cetuximab es un anticuerpo de células de ratón que todavía conserva algo de la estructura del ratón. El panitumumab está elaborado totalmente a partir de proteínas humanas y es menos probable que genere una reacción alérgica en comparación con el cetuximab.

Estudios recientes demuestran que el cetuximab y el panitumumab no dan muy buenos resultados en tumores que tienen mutaciones (cambios) específicas de un gen denominado KRAS. La ASCO publicó una opinión clínica provisional en la que recomienda que todos los pacientes con cáncer colorrectal metastásico que reciban una terapia anti-EGFR, como cetuximab y panitumumab, se realicen exámenes de detección de mutaciones genéticas del gen KRAS. Si el paciente presenta un tumor con una forma mutada del gen KRAS, la ASCO no recomienda el uso del tratamiento con anticuerpos anti-EGFR. Además, ahora la FDA recomienda que tanto el cetuximab como el panitumumab solo se administren a pacientes con tumores sin mutaciones genéticas del gen KRAS (en ocasiones denominado “en estado natural”).

Hable con su médico sobre los posibles efectos secundarios de un medicamento específico y sobre la forma de manejarlos. Los efectos secundarios de los tratamientos dirigidos pueden incluir una erupción cutánea en la cara y la parte superior del cuerpo, que puede prevenirse o aliviarse con diversos tratamientos.

Cómo obtener atención de los síntomas y efectos secundarios

A menudo, el cáncer y su tratamiento causan efectos secundarios. Además del tratamiento para retardar, detener o eliminar el cáncer, un aspecto importante de la atención del cáncer es el alivio de los síntomas y los efectos secundarios de la persona. Este método se denomina cuidados paliativos o atención de apoyo e incluye brindar apoyo al paciente con sus necesidades físicas, emocionales y sociales.

Los cuidados paliativos pueden ayudar a una persona en cualquier estadio de la enfermedad. A menudo, las personas reciben tratamiento contra el cáncer y tratamiento para aliviar los efectos secundarios al mismo tiempo. De hecho, las pacientes que reciben ambos tratamientos tienen generalmente síntomas menos severos, mejor calidad de vida e informan que están más satisfechas con el tratamiento.

Los tratamientos paliativos son muy variados y a menudo incluyen medicamentos, cambios nutricionales, técnicas de relajación y otras terapias. Usted también puede recibir tratamientos paliativos similares a los utilizados para eliminar el cáncer, como quimioterapia, cirugía y radioterapia. Hable con su médico acerca de los objetivos de cada tratamiento en el plan de tratamiento.

Antes de comenzar el tratamiento, hable con el equipo de atención de la salud sobre los posibles efectos secundarios de su plan de tratamiento específico y las opciones de atención médica de apoyo. Asimismo, durante el tratamiento y después de este, asegúrese de informar al médico o a otro integrante del equipo de atención de la salud si tiene un problema, de modo que pueda abordarse tan pronto como sea posible.

Opciones de tratamiento según el estadio

En general, los estadios 0, I, II y III pueden curarse mediante cirugía. Sin embargo, muchos pacientes con cáncer colorrectal en estadio III, y algunos en el estadio II, reciben quimioterapia después de la cirugía para aumentar las probabilidades de eliminar la enfermedad. Por lo general, el estadio IV no puede curarse, pero sí tratarse, y es posible controlar el crecimiento del cáncer y los síntomas de la enfermedad. Los estudios clínicos también son una opción de tratamiento para cada estadio.

Cáncer colorrectal en estadio 0

El tratamiento habitual es una polipectomía, o extirpación de un pólipo, durante una colonoscopia. No se necesita una cirugía adicional a menos que el pólipo no se pueda extirpar completamente.

Cáncer colorrectal en estadio I

En general, el único tratamiento necesario es la extirpación quirúrgica del tumor y los ganglios linfáticos.

Cáncer colorrectal en estadio II

Los pacientes deben hablar con el médico para determinar la necesidad de otro tratamiento después de la cirugía, ya que algunos pacientes reciben quimioterapia adyuvante. Éste es un tratamiento posterior a la cirugía, en el que se utiliza quimioterapia con el objeto de destruir cualquier resto de células cancerosas. Sin embargo, las tasas de cura para la cirugía por sí misma son bastante buenas y los tratamientos adicionales ofrecen pocos beneficios para las personas con cáncer de colon en este estadio. Los estudios clínicos también son una opción después de la cirugía.

En el caso de los pacientes con cáncer de recto, la radioterapia suele administrarse en combinación con quimioterapia, ya sea antes o después de la cirugía.

Cáncer colorrectal en estadio III

El tratamiento suele incluir la extirpación quirúrgica del tumor seguida de quimioterapia adyuvante. Un estudio clínico también es una opción. En el caso de los pacientes con cáncer de recto, la radioterapia puede administrarse en combinación con quimioterapia, ya sea antes o después de la cirugía.

Cáncer colorrectal metastásico (estadio IV)

Si el cáncer se ha diseminado a otros lugares del cuerpo, se denomina cáncer metastásico. El cáncer colorrectal se puede diseminar hacia órganos distantes, como el hígado, los pulmones, el tejido llamado peritoneo que reviste el abdomen o los ovarios en las mujeres.

Se aconseja a los pacientes con este diagnóstico que hablen con médicos experimentados en el tratamiento de este estadio del cáncer, puesto que quizás haya diferentes opiniones respecto del mejor plan de tratamiento. Obtenga más información sobre la búsqueda de una segunda opinión antes de comenzar el tratamiento, a fin de estar tranquilo con el plan de tratamiento elegido. Este debate puede incluir estudios clínicos.

Su equipo de atención médica podría recomendar un plan de tratamiento que incluya una combinación de cirugía, radioterapia y quimioterapia para reducir la velocidad de diseminación de la enfermedad y, a menudo, reducir de forma temporal un tumor canceroso. La atención de apoyo también será importante para ayudar a aliviar los síntomas y los efectos secundarios.

Si bien en este estadio la cirugía destinada a extirpar la porción del colon donde se inició el cáncer no suele curar la enfermedad, puede ser útil para aliviar la obstrucción del colon u otros problemas relacionados con el cáncer. La cirugía también puede usarse para extraer partes de otros órganos que contengan cáncer, lo que se denomina extirpación, y puede curar a algunas personas si una cantidad limitada del cáncer se disemina a un solo órgano, como el hígado o el pulmón.

En casos de cáncer de colon, si el cáncer solo se diseminó al hígado y si la cirugía es posible –ya sea antes o después de la quimioterapia–, el paciente tiene posibilidades de curarse completamente. Aun cuando la cura del cáncer no sea posible, la cirugía puede agregar meses o aun años de vida para la persona. Determinar quién puede beneficiarse de la cirugía para el cáncer que se ha diseminado al hígado suele ser un proceso complejo que requiere de la colaboración de médicos de diversas especialidades para planificar la mejor opción.

Para la mayoría de los pacientes, recibir un diagnóstico de cáncer metastásico es muy estresante y, a veces, difícil de soportar. Se aconseja a las pacientes y a sus familias que hablen acerca de cómo se están sintiendo con los médicos, el personal de enfermería, los trabajadores sociales u otros integrantes del equipo de atención de la salud. También puede ser útil hablar con otras pacientes, incluso a través de un grupo de apoyo.

Remisión y la posibilidad de recurrencia

Una remisión sucede cuando el cáncer no puede detectarse en el cuerpo y no hay síntomas. Esto también puede denominarse “sin evidencia de enfermedad” (no evidence of disease, NED).

Una remisión puede ser temporal o permanente. Esta incertidumbre hace que muchos sobrevivientes se sientan preocupados o ansiosos con respecto a la reaparición del cáncer. Aunque muchas remisiones son permanentes, es importante hablar con el médico sobre la posibilidad de que el cáncer regrese. Comprender el riesgo de recurrencia y las opciones de tratamiento puede ayudar a que se sienta más preparado si, en efecto, el cáncer regresa.

Si el cáncer regresa después del tratamiento original, recibe el nombre de cáncer recurrente. Puede reaparecer en el mismo lugar (recurrencia local), en las cercanías (recurrencia regional) o en otro lugar (recurrencia distante).

Si esto ocurre, comenzará nuevamente un ciclo de pruebas para obtener la mayor cantidad de información posible sobre la recurrencia, incluso saber si el estadio del cáncer ha cambiado. Después de realizadas las pruebas, usted y el médico hablarán sobre las opciones de tratamiento. A menudo, el plan de tratamiento incluirá las terapias descritas anteriormente, como cirugía, quimioterapia y radioterapia, pero quizás se combinen de un modo diferente o se administren con una frecuencia diferente. El médico también puede sugerir estudios clínicos que estén estudiando métodos nuevos para tratar este tipo de cáncer recurrente. Generalmente, las opciones de tratamiento para el cáncer recurrente son las mismas que para el cáncer metastásico (consulte más abajo) e incluyen cirugía, radioterapia y quimioterapia.

Las personas con cáncer recurrente a menudo sienten emociones como incredulidad o temor. Se aconseja a las pacientes que hablen con el equipo de atención de la salud respecto de estos sentimientos y que consulten acerca de servicios de apoyo que las ayuden a sobrellevar la situación.

Si el tratamiento falla

Recuperarse del cáncer no siempre es posible. Si el tratamiento no es exitoso, la enfermedad puede denominarse cáncer avanzado o terminal.

Para muchas personas, este diagnóstico es estresante y es difícil hablar al respecto. Sin embargo, es importante que mantenga conversaciones abiertas y sinceras con su médico y el equipo de atención de la salud a fin de expresar sus sentimientos, preferencias e inquietudes. La función del equipo de atención de la salud es ayudar, y muchos de sus integrantes tienen habilidades especiales, experiencia y conocimientos para brindar apoyo a las pacientes y sus familiares. Asegurarse de que una persona esté físicamente cómoda y que no sienta dolor es extremadamente importante.

Los pacientes con cáncer avanzado y con una expectativa de vida inferior a los seis meses pueden considerar un tipo de atención paliativa llamada atención para enfermos terminales. Los cuidados para enfermos terminales están pensados para proporcionar la mejor calidad de vida posible para las personas que están cerca de la etapa final de la vida. Se aconseja que usted y su familia piensen dónde estaría más cómodo: en el hogar, en el hospital o en un centro para enfermos terminales. El cuidado de enfermería y los equipos especiales pueden hacer que permanecer en el hogar sea una alternativa factible para muchas familias.

Después de la muerte de un ser querido, muchas personas necesitan apoyo para sobrellevar la pérdida.

Investigaciones actuales

Los médicos están trabajando para aprender más sobre el cáncer colorrectal, los métodos para prevenirlo, la mejor manera de tratarlo y la forma de brindar la mejor atención a las personas a las que se les diagnosticó esta enfermedad. Las siguientes áreas de investigación pueden incluir opciones nuevas para los pacientes mediante los estudios clínicos. Hable siempre con su médico sobre las opciones de diagnóstico y tratamiento más adecuadas para su caso.

Métodos avanzados de detección

Los investigadores están desarrollando pruebas para analizar muestras de materia fecal destinadas a detectar cambios genéticos asociados con el cáncer colorrectal. Si se detectan y extraen pólipos o si se identifica el cáncer en su inicio, los médicos tienen más probabilidades de curar la enfermedad.

Pruebas para predecir el riesgo de recurrencia del cáncer

Las pruebas que analizan diversos genes importantes para el crecimiento y la diseminación del tumor pueden ayudar a los médicos y los pacientes a decidir sobre el uso de la quimioterapia después del tratamiento. Los investigadores esperan que estas pruebas eviten los efectos secundarios del tratamiento adicional en las personas con riesgo más bajo de recurrencia.

Vacunas contra el cáncer

Las vacunas contra el cáncer son un tipo de inmunoterapia, también denominada terapia biológica. La inmunoterapia ayuda a estimular las defensas naturales del cuerpo para combatir el cáncer. Utiliza materiales producidos por el cuerpo o fabricados en un laboratorio para mejorar, identificar o restaurar la función del sistema inmunitario

Nuevos medicamentos

Actualmente, se evalúan muchos medicamentos nuevos para el tratamiento del cáncer colorrectal, incluidos el cáncer de colon y el cáncer de recto en etapa avanzada. Se estudian nuevos tipos de quimioterapia y terapia dirigida. La mayoría se encuentra disponible únicamente a través de estudios clínicos.

Atención de apoyo

Se están realizando estudios clínicos con el objetivo de encontrar mejores formas de reducir los síntomas y los efectos secundarios de los tratamientos actuales para el cáncer colorrectal, a fin de mejorar el bienestar y la calidad de vida de los pacientes.

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Todo el contenido de Cancer.Net™ ha sido elaborado por Cancer.Net Editorial Board y proporcionado a ALIADA bajo licencia de ASCO como una herramienta de educación para el paciente. ALIADA no ha participado en el desarrollo de este contenido. La información incluida y brindada por ASCO no representa una opinión médica ni pretende sustituirla, así como tampoco respalda ningún producto, servicio o empresa. ASCO considera que las decisiones sobre tratamiento deben acordarse entre pacientes y doctores. Los avances en diagnóstico, tratamiento y prevención son constantes. Para más información, visite Cancer.Net (www.cancer.net).

Después del tratamiento

Después de finalizado el tratamiento para el cáncer colorrectal, converse con su médico sobre el plan de atención de seguimiento. Este plan puede incluir exámenes físicos regulares y/o pruebas médicas para monitorear su recuperación durante los próximos meses y años. Solicite recomendaciones específicas para la atención de seguimiento del cáncer colorrectal.

Se aconseja a las personas en recuperación de cáncer colorrectal que sigan las pautas establecidas para una buena salud, entre ellas, mantener un peso saludable, no fumar, tener una alimentación equilibrada y realizarse los exámenes de detección de cáncer recomendados. Hable con su médico a fin de elaborar el plan que mejor se adapte a sus necesidades. El ejercicio moderado puede ayudarlo a recobrar sus fuerzas y energía. El médico puede ayudarla a diseñar un plan de ejercicios seguro, basándose en sus necesidades, aptitudes físicas y estado físico.

Cómo sobrellevar los efectos secundarios

El temor a los efectos secundarios del tratamiento es frecuente después de un diagnóstico de cáncer, pero puede ser de ayuda saber que la prevención y el control de los efectos secundarios es uno de los principales objetivos del equipo de atención de la salud. Esto se denomina cuidados paliativos o atención médica de apoyo y es una parte importante del plan de tratamiento integral, independientemente del estadio de la enfermedad.

Los efectos secundarios frecuentes de cada opción de tratamiento para el cáncer colorrectal se describen en detalle en la sección Opciones de tratamiento. Los efectos secundarios dependen de diversos factores, entre ellos el estadio del cáncer, la duración y la dosis del (de los) tratamiento(s), y el estado de salud general.

Antes de comenzar un tratamiento, hable con su médico sobre los posibles efectos secundarios de cada tipo de tratamiento que recibirá. Pregunte qué efectos secundarios es más probable que se manifiesten, cuándo es probable que ocurran y qué se puede hacer para evitarlos o aliviarlos. Asimismo, pregunte sobre el nivel de atención que usted podría necesitar durante el tratamiento y la recuperación, dado que los familiares y los amigos a menudo desempeñan un papel importante en la atención de una persona con cáncer colorrectal.

Además de los efectos secundarios físicos, es posible que también se produzcan efectos emocionales y sociales. Se aconseja a las pacientes y sus familiares que compartan sus sentimientos con un integrante del equipo de atención de la salud, quien puede ayudar con las estrategias para sobrellevar el cáncer, incluidas las inquietudes sobre el manejo de los costos de la atención del cáncer.

Durante el tratamiento y después de este, asegúrese de informar al equipo de atención de la salud sobre los efectos secundarios que experimenta, aun cuando crea que no son graves. A veces, los efectos secundarios pueden durar más allá del período de tratamiento, lo que se denomina efecto secundario a largo plazo. Un efecto secundario que sucede meses o años después del tratamiento se denomina efecto tardío. El tratamiento de ambos tipos de efectos es un aspecto importante de la atención para sobrevivientes.

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Factores de riesgo

Un factor de riesgo es todo aquello que aumenta la probabilidad de que una persona desarrolle cáncer. Si bien, a menudo los factores de riesgo influyen en el desarrollo del cáncer, la mayoría no provoca cáncer de forma directa. Algunas personas que tienen varios factores de riesgo nunca desarrollan cáncer, mientras que sí lo desarrollan otras personas sin factores de riesgo conocidos. Sin embargo, el hecho de conocer sus factores de riesgo y hablar con el médico al respecto puede ayudarle a tomar decisiones más informadas sobre el estilo de vida y la atención de la salud.

Una persona con un riesgo promedio de contraer cáncer colorrectal tiene aproximadamente 5 % de posibilidades de desarrollar cáncer colorrectal. En general, la mayoría de los casos de cáncer colorrectal (alrededor del 95 %) se consideran esporádicos, es decir que las modificaciones genéticas se desarrollan al azar después de que nace una persona, así que no existen riesgos de traspasar estas modificaciones genéticas a los hijos. Los casos de cáncer colorrectal hereditarios son menos frecuentes (alrededor del 5 %) y ocurren cuando las mutaciones, o modificaciones, genéticas se transmiten dentro de una familia, de generación a generación (consulte a continuación). Generalmente, se desconocen las causas que provocan el cáncer colorrectal. Sin embargo, los siguientes factores pueden aumentar el riesgo de una persona de desarrollar cáncer colorrectal:

Edad

El riesgo de desarrollar cáncer colorrectal aumenta con la edad. El cáncer colorrectal puede aparecer en adultos jóvenes y adolescentes, pero más del 90 % de los casos de cáncer colorrectal se presentan en personas mayores de 50 años. En Estados Unidos, la edad promedio del diagnóstico es 72 años.

Sexo

Los hombres tienen un riesgo ligeramente mayor de desarrollar cáncer colorrectal que las mujeres.

Antecedentes familiares de cáncer

El cáncer colorrectal se puede transmitir en la familia si los parientes de primer grado (padres, hermanos, hijos) o muchos otros miembros de la familia (abuelos, tíos, sobrinos, nietos, primos) han tenido cáncer colorrectal. Esto se produce especialmente cuando a los miembros de la familia se les ha diagnosticado cáncer colorrectal antes de los 60 años de edad. Si una persona tiene antecedentes familiares de cáncer colorrectal, su riesgo de desarrollar la enfermedad es casi el doble que el riesgo promedio de contraer cáncer colorrectal. El riesgo aumenta más si otros parientes cercanos también han desarrollado cáncer colorrectal.

Es importante hablar con sus parientes sobre sus antecedentes familiares de cáncer colorrectal. Si piensa que puede tener antecedentes familiares de cáncer colorrectal, primero consulte a un asesor genético antes de realizarse alguna prueba genética. Solo las pruebas genéticas pueden determinar si tiene una mutación genética, y los asesores genéticos están capacitados para explicar los riesgos y los beneficios de las pruebas genéticas.

Afecciones hereditarias poco frecuentes

Los miembros de familias que padecen determinadas afecciones hereditarias poco frecuentes también presentan un riesgo significativamente mayor de padecer cáncer colorrectal y otros tipos de cáncer; estas afecciones incluyen, poliposis adenomatosa familiar (familial adenomatous polyposis, FAP), poliposis adenomatosa familiar atenuada (attenuated familial adenomatous polyposis, AFAP), síndrome de Gardner, síndrome de Lynch, síndrome de poliposis juvenil (juvenile polyposis syndrome, JPS), síndrome de Muir-Torre, poliposis asociada al gen MYH (MYH-associated polyposis, MAP), síndrome de Peutz-Jeghers (Peutz-Jeghers syndrome, PJS) y síndrome de Turcot. Los familiares de mujeres con cáncer de útero también pueden encontrarse en el grupo de mayor riesgo.

Enfermedad inflamatoria intestinal (IBD)

Las personas con enfermedad inflamatoria intestinal (inflammatory bowel disease, IBD), como colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn, pueden padecer una inflamación crónica del intestino grueso, lo cual aumenta el riesgo de cáncer de colon. La IBD es diferente al síndrome de intestino irritable.

Pólipos adenomatosos (adenomas)

Los pólipos no son tipos de cáncer, pero algunos tipos de pólipos, denominados adenomas, son los que con frecuencia se transforman en cáncer colorrectal. Los pólipos, a menudo, se pueden extirpar por completo con un instrumento durante una colonoscopia, un examen en el que el médico introduce un tubo iluminado para ver dentro del colon del paciente, después de sedarlo. La extirpación de los pólipos puede prevenir el cáncer de colon. Las personas que han tenido adenomas son más propensas a tener pólipos nuevamente y a sufrir cáncer de colon, por lo que deben realizarse exámenes de detección de seguimiento en forma periódica (consulte a continuación).

Antecedentes personales de ciertos tipos de cáncer

Las personas con antecedentes personales de cáncer de colon y las mujeres que hayan padecido cáncer de ovario o cáncer de útero son más propensas a desarrollar cáncer de colon.

Raza

Las personas de raza negra tienen las tasas más altas de cáncer colorrectal esporádico, o no hereditario, en los Estados Unidos, y el cáncer de colon es una de las causas principales de muerte relacionada con el cáncer en las personas de esa raza. Las mujeres negras tienen más probabilidades de morir por cáncer colorrectal que las mujeres de cualquier otro grupo racial y los hombres negros son incluso más propensos a morir de cáncer colorrectal que las mujeres negras. Las razones de estas diferencias son poco claras. Debido a la observación de que las personas de raza negra tienen más posibilidades de recibir un diagnóstico de cáncer de colon a una edad más temprana, el Colegio Estadounidense de Gastroenterología (American College of Gastroenterology) sugiere que las personas de raza negra comiencen a realizarse colonoscopias a partir de los 45 años (consulte a continuación). Los exámenes de detección que se realizan en forma temprana pueden detectar cambios en el colon en un estadio más tratable.

Inactividad física y obesidad

Es posible que las personas con un estilo de vida sedentario, es decir, que no hacen ejercicio físico en forma regular y permanecen mucho tiempo sentadas, y quienes tienen sobrepeso corran un mayor riesgo de contraer cáncer colorrectal.

Tabaquismo

Estudios recientes han demostrado que los fumadores tienen más posibilidades de morir de cáncer colorrectal que los no fumadores.

Prevención

La investigación continúa buscando factores que causan el cáncer colorrectal y lo que las personas pueden hacer para reducir su riesgo personal. No existe una forma comprobada de prevenir por completo esta enfermedad, pero puede haber medidas que se pueden tomar para reducir el riesgo. Hable con su médico si le preocupa su riesgo personal de desarrollar cáncer colorrectal. Los siguientes factores pueden reducir el riesgo de una persona de desarrollar cáncer colorrectal:

Antiinflamatorios no esteroideos (AINE)

Algunos estudios sugieren que la aspirina y otros AINE pueden reducir el desarrollo de pólipos en personas con antecedentes de cáncer colorrectal o pólipos. Sin embargo, el uso regular de AINE puede provocar efectos secundarios graves, incluidas hemorragias en el revestimiento interno del estómago y coágulos de sangre, que pueden derivar en accidente cerebrovascular o ataque cardíaco. Las aspirinas u otros AINE no pueden sustituir el examen regular para la detección de cáncer colorrectal. Cada persona debe consultar a su médico acerca de los riesgos y los beneficios de tomar aspirinas regularmente.

Dieta y suplementos

Una dieta rica en frutas y verduras y baja en carnes rojas puede contribuir a reducir el riesgo de contraer cáncer de colon. Algunos estudios indican también que quienes consumen suplementos de calcio y vitamina D tienen un menor riesgo de contraer cáncer colorrectal.

Detección

A menudo, el cáncer colorrectal se puede prevenir mediante controles regulares de detección de pólipos precancerosos. Consulte a su médico para saber cuándo comenzar con los estudios de detección según su edad y sus antecedentes familiares de la enfermedad. Aunque algunas personas deben hacerse los controles antes, aquellas que tengan un riesgo promedio deberían comenzar con los estudios a los 50 años, y las personas de raza negra, a los 45 años (porque es más frecuente que reciban el diagnóstico a una edad más temprana). Debido a que generalmente el cáncer colorrectal no presenta síntomas hasta que la enfermedad ha avanzado, es importante consultar al médico acerca de las ventajas y las desventajas de cada examen de detección y también acerca de su frecuencia. Según estas pautas, los controles para la detección de cáncer colorrectal deben comenzar más temprano y/o se deben realizar controles más frecuentes si se presenta alguno de los siguientes factores de riesgo de cáncer colorrectal:

  • Antecedentes personales de cáncer colorrectal o pólipos adenomatosos
  • Antecedentes familiares fuertes de cáncer colorrectal o pólipos (cáncer o pólipos en parientes en primer grado menores de 60 años o en dos parientes en primer grado de cualquier edad). Un pariente en primer grado incluye padres, hermanos o hijos.
  • Antecedentes personales de enfermedad inflamatoria intestinal crónica
  • Antecedentes familiares de síndromes de cáncer colorrectal hereditario – FAP, cáncer colorrectal hereditario sin poliposis hereditary nonpolyposis colorectal cancer (HNPCC) u otros síndromes; consulte más arriba.

Colonoscopia

Esta prueba permite al médico observar el interior de todo el recto y colon, mientras el paciente está sedado. Se introduce un colonoscopio (un tubo flexible, iluminado) dentro del recto y el colon en su totalidad, para detectar pólipos o cáncer. Durante este procedimiento, un médico puede extraer pólipos u otros tejidos para luego examinarlos (consulte biopsia en la sección Diagnóstico). Este examen de detección es el único que permite la extirpación de pólipos, que también puede prevenir el cáncer colorrectal.

Colonografía por tomografía computarizada (TC o TAC)

La colonografía por tomografía computarizada (a veces, denominada colonoscopia virtual) es un método de detección que se está investigando en algunos centros. Debe ser interpretada por un radiólogo con experiencia (un médico que se especializa en obtener e interpretar imágenes médicas) para poder usarse de la forma más productiva. Sin embargo, puede ser una alternativa para las personas que no se pueden realizar una colonoscopia estándar debido al riesgo de anestesia (medicamento para bloquear la sensibilidad al dolor) o si una persona tiene una obstrucción en el colon que impide hacer un examen completo.

Sigmoidoscopia

Se introduce un sigmoidoscopio (un tubo flexible, iluminado) en el recto y en el colon inferior para la detección de pólipos, cáncer y otras anormalidades. Durante este procedimiento, el médico puede extraer pólipos u otros tejidos para realizar un examen posterior. El médico no puede examinar la parte superior del colon (colon ascendente y transverso) con esta prueba. Si con esta prueba se detectan pólipos o cáncer, se recomienda hacer una colonoscopia para ver todo el colon.

Prueba de sangre oculta en la materia fecal (fecal occult blood test, FOBT)

Se trata de una prueba para detectar sangre en las heces (materia fecal), lo cual puede ser un signo de pólipos o cáncer. Una FOBT con resultados positivos (lo cual significa que se halló sangre en las heces) puede corresponder a otras causas que no sean pólipos o cáncer de colon, como hemorragia en el estómago o el tracto gastrointestinal superior e incluso ingesta de carne cruda u otros alimentos. Existen dos tipos de pruebas: la de guayacol y la inmunoquímica. Debido a que los pólipos y los tumores no sangran continuamente, la FOBT se debe realizar en varias muestras de materia fecal por año y se debe repetir todos los años. Incluso en esos casos, la disminución de muertes por cáncer colorrectal es bastante pequeña (alrededor del 30 % si se efectúa cada año y del 18 % si se realiza cada dos años).

Enema de bario con doble contraste (double contrast barium enema, DCBE)

A los pacientes que no pueden someterse a una colonoscopia se les administra un enema con bario, que ayuda a trazar el contorno del colon y el recto en las radiografías. Después se toma una serie de radiografías de colon y recto. En general, la mayoría de los médicos recomendarían otros tipos de exámenes de detección ya que las probabilidades de que el enema de bario detecte pólipos precancerosos son más bajas en comparación con una colonoscopia, sigmoidoscopia o colonografía por TC.

Pruebas de ADN en heces

Esta prueba analiza el ADN de la muestra de materia fecal de una persona para detectar cáncer. Utiliza los cambios en el ADN que se producen en pólipos y cáncer para determinar si debe realizarse una colonoscopia.

Recomendaciones de detección

Diferentes organizaciones han hecho distintas recomendaciones con respecto a la detección del cáncer colorrectal. A continuación, se describen dos conjuntos de recomendaciones. Consulte a su médico sobre cuál es la mejor prueba y el tiempo recomendado entre pruebas en función de sus antecedentes de salud y su riesgo personal de contraer cáncer.

La Asociación Estadounidense de Gastroenterología (American Gastroenterological Association), el Colegio Estadounidense de Gastroenterología (American College of Gastroenterology), la Sociedad Estadounidense de Endoscopia Gastrointestinal (American Society for Gastrointestinal Endoscopy), la Sociedad Estadounidense del Cáncer (American Cancer Society) y el Colegio Estadounidense de Radiología (American College of Radiology) desarrollaron pautas de consenso para la detección del cáncer colorrectal, con la meta de prevenir el cáncer. A partir de los 50 años, tanto los hombres como las mujeres con riesgo promedio deben seguir uno de estos programas de pruebas.

Las siguientes pruebas detectan tanto pólipos como cáncer:

  • Sigmoidoscopia flexible, cada cinco años
  • Colonoscopia, cada 10 años
  • DCBE, cada cinco años
  • Colonografía por TC, cada cinco años

Estas pruebas detectan principalmente cáncer:

  • FOBT con guayacol, todos los años
  • Prueba inmunoquímica fecal, todos los años
  • La prueba de ADN en heces, con la frecuencia que recomiende su médico

El Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Salud de EE. UU. (USPSTF, U.S. Preventive Health Services Task Force) también publicó pautas para la detección del cáncer de colon, que presentan algunas diferencias con las mencionadas arriba. La USPSTF recomienda uno de los siguientes métodos de prueba:

  • Una FOBT de alta sensibilidad, todos los años
  • Sigmoidoscopia, cada cinco años, con una FOBT entre las pruebas
  • Colonoscopia, cada 10 años

Además, este grupo de trabajo no consideró que hubiera suficiente evidencia de los beneficios o los daños como para recomendar la colonografía virtual y las pruebas de ADN en heces.

De acuerdo con el USPSTF, los adultos de entre 76 y 85 años no deberían realizarse exámenes de detección de rutina debido a que los riesgos superan a los beneficios y los adultos de más de 85 años pueden eludir los exámenes de detección de cáncer colorrectal por completo.

Es importante destacar que independientemente del examen y del programa de detección, después de toda prueba que indique una anormalidad se debe realizar una colonoscopia.

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